Si tu web no vende, revisa esto antes que nada: ¿entra poca gente, entra la gente equivocada, o entra la correcta y se va callada? Tres cosas distintas. Tres arreglos distintos.
Y el error caro no es escoger mal el arreglo. Es arreglar la etapa que nunca estuvo rota. Rediseños completos, ocho millones de pesos, tres meses de reuniones, para un sitio cuyo problema real era que Google tenía indexadas dos páginas de catorce. Quedó divino. Siguió sin vender.
Los tres números que te dicen por qué mi web no vende
Abre Analytics y Search Console. ¿No los tienes? Ese es el problema número cero y sale gratis arreglarlo.
Del mes pasado necesitas: visitas, tiempo promedio, y contactos reales. Nada más.
Menos de 300 visitas mensuales y ya sabes: es tráfico. No toques el diseño. Saca la cuenta conmigo — 300 visitas, conversión del 2%, que sería buena, te da seis contactos. Seis. De ahí no sale un negocio ni con la web de Apple.
¿Visitas decentes pero se largan en veinte segundos viendo una sola página? Estás atrayendo al público equivocado.
¿Se quedan, navegan cuatro páginas, vuelven… y nadie escribe? Último metro. Los tuviste y los perdiste ahí.
Caso 1: no entra nadie
El más común y el más callado. Nada avisa. La web está ahí, se ve bien, no pasa nada.
Búscate en Google así: site:tudominio.com. Eso lista lo que Google tiene guardado tuyo. ¿Tienes veinte páginas y salen tres? Google ve una fracción de tu sitio. ¿No sale nada? No existes ahí. Literal.
Después, Search Console, informe de Rendimiento, mira por qué búsquedas apareces. Aquí es donde se le daña el día a mucha gente: aparecen solo cuando alguien teclea el nombre de su propia empresa. Traducción — te encuentra el que ya te conocía. Eso no es tráfico, es una tarjeta de presentación con dominio propio.
La razón de fondo es siempre igual de aburrida. Cinco páginas: Inicio, Nosotros, Servicios, Portafolio, Contacto. Ninguna contesta algo que un ser humano esté buscando ahora mismo.
Un cerrajero en Medellín no necesita una página que diga «Servicios». Necesita una que diga cuánto cuesta abrir una puerta cerrada a medianoche en el Poblado. Porque eso es lo que la señora escribe en el celular, en pijama, sentada en el pasillo, a las 11:40 p.m.
El arreglo
Anota las diez preguntas que te mandan por WhatsApp antes de comprarte. Precio. Cuánto se demora. Si hay garantía. Si van hasta Envigado. Si eso que necesitan ustedes lo hacen.
Cada pregunta de esas es una página. Ese es el SEO de una pyme, sin misterio: escribir bien lo que ya contestas quince veces al día por chat.
Caso 2: entra gente, pero no es la tuya
Traicionero, porque el informe se ve sano y uno se siente productivo mirándolo subir.
Pasa cuando alguien escribió persiguiendo volumen. El ejemplo clásico: empresa de software contable para medianas publica «qué es la contabilidad», le llegan 3.000 visitas al mes de estudiantes de primer semestre y en la reunión todos aplauden la gráfica. Cero clientes. Obvio. Un estudiante de primer semestre no compra software contable empresarial.
Igual con pauta mal segmentada o términos muy anchos. «Muebles» te trae al planeta. «Muebles de oficina a la medida en Bogotá» te trae a alguien con oficina, presupuesto y afán.
Compruébalo cruzando dos listas: páginas más visitadas contra páginas de donde salen contactos reales. Si no se parecen en nada, listo, ahí está.
Y no borres el contenido informativo, que sirve para otra cosa. Cambia la proporción. Más comparativas, más rangos de precio, más casos, más «cómo elegir». Menos visitas, más clientes. Cambias volumen por intención y casi siempre sale ganando.
Caso 3: entra la tuya y se va sin decir nada
Este duele diferente. Lo tenías adentro.
Casi nunca es que la web sea fea, por cierto. He visto webs francamente horribles vendiendo muchísimo y sitios impecables que no producen un correo al mes. Suele ser una de cuatro.
La reina, con diferencia: no se entiende qué haces. Lee tu página de inicio como si fuera la primera vez. Si el titular dice «Soluciones integrales para potenciar su negocio» no está diciendo nada — esa frase le sirve igual a una funeraria. Ponle lo que haces: «Contabilidad y nómina para restaurantes en Bogotá». ¿Suena aburrido? Sí. Y el cliente correcto sabe en dos segundos que llegó bien, que era todo lo que necesitaba.
Segunda: no hay acción clara. «Contacto» escondido al final del menú. El interesado tiene que ponerse a buscar cómo escribirte y el interés se enfría en nada. Una acción visible por página. Una. Si le pones cinco, no elige ninguna.
Tercera: no hay prueba de que ustedes existan. Testimonios con nombre y apellido, logos, fotos del equipo o del local, teléfono a la vista. Web sin rastro humano da desconfianza, más todavía si pides datos o plata.
Cuarta, y esta sí es técnica pero se mide en un minuto con PageSpeed Insights: lenta o rota en celular. Google pone el listón del contenido principal en 2,5 segundos, y ojo con esto: se mide sobre el percentil 75 de las visitas reales, no sobre un test suelto. Que te dé 2,3 en una prueba no significa que estés bien. Y desde 2016 anda diciendo que el 53% de las visitas móviles se abandonan si la página pasa de 3 segundos. Fíjate que habla de visitas, no de personas, y que se midió en 3G sobre sitios de medios. Cifra vieja y con letra pequeña, hay que decirlo. Nadie se ha vuelto más paciente desde entonces.
¿Cuánto debería vender, entonces?
Aterricemos, porque hay gente convencida de que su web está rota cuando va normal.
Los benchmarks públicos no se ponen de acuerdo, y hay que decirlo. Según qué estudio mires, el promedio de un sitio B2B se mueve entre poco más del 1% y más del 5%, y en servicios profesionales citan cifras todavía más altas. El lío es que cada uno mide cosas distintas: unos cuentan formularios enviados, otros llamadas, otros ventas cerradas. Comparar esos números entre sí no significa nada. Así que cuando alguien te recite un porcentaje único con mucha seguridad, desconfía — y eso me incluye: no te voy a dar una cifra exacta que no pueda respaldar con la fuente al lado.
Lo útil es otra cosa: no persigas el promedio de tu industria, persigue el tuyo del trimestre pasado. De 1% a 2% son el doble de clientes sin una visita más. Ese número sí es tuyo.
Y fíjate qué estás contando. En servicios la primera conversión casi nunca es venta — es cotización, llamada, WhatsApp. La venta llega semanas después.
Plan para esta semana
- Diagnostica. Los tres números. Sin eso todo lo demás es adivinanza cara.
- Arregla solo lo que falla. Problema de tráfico, no rediseñes. Problema de conversión, deja de publicar por un rato.
- Una cosa a la vez. Si mueves titular, botones y precios el mismo día, nunca sabrás cuál sirvió.
- Mide a los 30 días. SEO tarda meses; conversión se nota rápido.
Cuándo esto se te sale de las manos
Todo lo de arriba lo hace un dueño de pyme con paciencia. El costo real no es la dificultad — es la constancia. Semanas seguidas, meses. Y el que atiende clientes, cuadra nómina y apaga incendios no tiene esa constancia. No por falta de ganas. El día tiene las horas que tiene.
Ahí hay varias salidas y todas valen. Muchas veces la mejor decisión es contratar una buena agencia, sobre todo si lo que necesitas es estrategia de marca, criterio comercial, campañas complejas, o alguien que conozca tu sector a fondo y se siente contigo a pelear hacia dónde ir. Eso lo hace bien un equipo con oficio encima. No hay software que reemplace ese criterio y el que diga lo contrario te está vendiendo humo. Un freelance de confianza funciona igual de bien cuando el alcance está acotado y sabes pedir.
Lo que sí cambió es la parte repetitiva: revisar qué se dañó esta semana, cazar enlaces rotos, actualizar lo que envejeció, publicar sin fallar, vigilar que sigas saliendo en Google y —esto es nuevo— si sales en las respuestas de ChatGPT o Perplexity cuando preguntan por lo que vendes. Trabajo interminable, poco creativo, se come las horas.
Esa parte es la que automatizamos en Hepteon: siete agentes de IA que administran un sitio y lo optimizan en SEO, GEO y AEO hacia la meta que ponga el dueño. Estratega, Conector, Técnico, Redactor, Amplificador, de Resultados y Publicador. No se cansan ni salen a vacaciones. Para una pyme es tener constancia sin montar equipo. Para una agencia o un freelance, llevar más clientes sin soltar la parte estratégica, que es donde de verdad aportan y donde nunca sobra tiempo.
Pero empieza por el diagnóstico. Sabe cuál de los tres tienes antes de gastar un peso. Eso solo te ahorra más plata que cualquier herramienta.
¿Y si el problema es aún más básico y tu web ni siquiera aparece en Google? Entonces el diagnóstico es otro. Te lo explico paso a paso en Mi web no aparece en Google: la prueba de 2 minutos.
Y si ya sabes que recibes visitas pero quieres ubicar el punto exacto donde se pierde la venta, sigue con Tengo visitas pero no vendo: cómo encontrar dónde se te escapan los clientes.
